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domingo, 16 de noviembre de 2008

Chambala era un camino...


Ahora que la feria del libro de miraflores esta próxima, la nostalgia me empujo a chequear entre mis libros comprados el año pasado en dicha feria. Entre ellos encontré este de Doris Moromisato.
Los leí con cierta nostalgia y envidia (la envidia sana existe?) pues me hubiese gustado mucho escribir ciertos poemas y más que nada vivir historias como las que ella describe en este poemario...espero que los poemas que he seleccionado y que me han gustado, también sean del agrado de usted mi querido lector y amante de la poesía. Disfrútenlo.

De un sauce pendía mi infancia

Balanceándose entre el murmullo de las hojas
clara, apacible
de un sauce pendía mi infancia.
Desde allí vigilaba como íban y volvían las desiluciones.
Detrás de una hoja divisaba los enojos
y medía la premura de la tarde con el viento.
Cada rama sostenía mis sueños
mientras más arriba, más hermosa la vida
inmensa y menos mía
imposible de tocarme con su dedo acusador.

Con brazos y piernas me aferraba a ese universo
donde el dolor no aleteaba
y las dudas detenían sus extrañas voces.
Cada amanecer husmeaba la vida desde la agitada copa.
Los hombres enrumbaban para la siembra
chacchando coca, murmurando en su extraña lengua.
Pasaba el camión llevándose el rubor de los tomates
la amargura del apio, la brillante
oscuridad de las berenjenas,
refunfuñaba padre los días que le restaban por vivir.

De un sauce pendía mi infancia
balanceándose mi cuerpo con el viento
esperando como una muerta
fría y callada
que alguien me obligaba a poner los pies sobre la tierra,
para empezar a vivir
como todas.

MI PADRE

Mi padre era tuerto.
Era un hombre lleno de raza.
Tenía la camisa vieja y el párpado caído
sobre un ojo triste.
En noches de lluvia como ésta
él se sentaba en el umbral
y nos mentía.
siempre la historia del triste condenado
que montaba su caballo llorando por la desdichada
a quien mató por su traición.
Nunca nadie escuchó el taconeo del finado
ni siquiera mi madre, sorda de esperanzas.
A veces yo creía que mi padre estaba loco
miraba por su ojo muerto
y me juraba que Dios le volteó la bola negra
para que viera dentro de su corazón.
Yo sabía que mentía,
y a veces yo lo amaba
padre tuerto
maldito mentiroso
viejo mío.

1 comentario:

María Teresa dijo...

¡Hola! me encanta este blog y ahora me atreví a escribir, para pedir si por favor podías publicar “A diferencia de los otros” poema de Doris Moromisato.
Muchas gracias.