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jueves, 11 de junio de 2009

MARIO ESPINOZA ANICAMA



Cuando la cultura Chincha estaba en su esplendor, habían familias que se llamaban así mismas Tribus, todas ellas con un nombre que las diferencie del resto. En aquella zona de nuestro país fue que se asentó con fuerza una tribu, que hasta el día de hoy sigue existiendo, ahora ya no como una tribu y tampoco viven todos juntos, pero si de aquella tribu han quedado muchos hijos que con el tiempo han ido esparciéndose en Ica, formando familias como en cualquier hogar del Perú.



Mi padre tenia el apellido de una de aquellas tribus, "ANICAMA".



Mario Espinoza Anicama, Ica (1943), es uno de los descendientes de aquella tribu, al igual que lo fue mi padre y su familia. "Podemos ser familia", fue lo que me dijo cuando lo conocí. Lo somos, desde hace mucho tiempo mi estimado Mario, lo somos.



Aquí les ofrezco dos poemas de este gran poeta que ya ha publicado muchas obras como : Los vientos malditos (1971), Las huellas del mundo(1981), Luz polarizada (2000) y La curva del silencio(2007).



Precisamente de este libro os dejo tres poemas para que disfruten de su lectura. El autor es asiduo asitente en los Viernes Literarios de Juan Benavente



LUMBRES



Vírgenes graduadas de placer

colgando de los dientes

que regresan de un festín.



Rumiando angustiadas su milésima parte

con sus delicias devoradas, por su miel.



Trasnochadas musas de alto vuelo

con la lumbre penetrando en su cubil,

gracilmente proclives al misterio

van danzando rendidas a los pies.



La realidad prosigue dando vueltas

sobre fúlgidos sonidos del Edén

buscando empedernida el péndulo voraz

a la vuelta de un camino

equivocado... pero igual.



VESTIGIOS



El destino renace

de cúbito dorsal

bostezando.. pujando... ahuyentando

su misterio.



Y el hueso incandescente

se atreve a sonreír,

a llenarse de calcio pensativo,

a beber el aguacero desde el vientre

en plena red metálica de grillos.



La justicia irrumpe

con su bronca fe

y chorrea por sus párpados delirio.



Inevitablemente nadie llega a socorrer

a la sintaxis llena de ostracismo.



MATIZ



Me atrevo a veces a devorar

de un solo sorbo mortal la dicha

entre impulsos transversales que se agitan

con sus garfios trotamundos en alta mar.



Génesis confusa de heridas tácitas,

de amor inconcluso en mi frente oscura.

Hoy quisiera hallar mas virgen

la esperanza...´

aunque ya no tenga mucho

que esperarla virgen.



Bebo el delirio de la dulzura,

en el hueco de sus manos taciturnas,

hundiéndome en el río de sus lágrimas

como grano fresco de la tierra fecunda.



¡Oh! criatura diseñada por Dios

con el pulso humano de su diestra

hasta cundo voy en busca de tu albor

desvelándome el cóncavo trajín de mi senda.

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