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martes, 4 de agosto de 2009

RODOLFO YBARRA


Me encontré con Rodolfo Ybarra en la FIL Lima 2009, quien me preguntó el porqué ya no enviaba las notificaciones sobre la actualización de mi blog a los correos como solía hacerlo antes, pues volveré a hacerlo. Ya nos habíamos visto en el Café Terra Media, en la fecha que le toco leer sus poemas. Justamente le pedí que me enviara un poema en especial (por cierto, no lo hizo), que leyó en aquella oportunidad en el Terra Media, el poema lleva por nombre "La Loca", pero me envió poemas de un libro inédito, el cual les doy a continuación. Me envió 5 poemas, pero solo les ofreceré 3 de ellos. A los interesados, pues deberán esperar a que salga publicado el libro para que lean los poemas restantes. Mientras disfruten de estos poemas del inédito "Animal Carnívoro".


Disfruten de los poemas, seguro los Poetas del Azfalto, estarán más que felices por ello.


CAXA PROPIA

Tu formato me sopesa, hormigón y estructura (músculos y huesos)
arquitectura para deconstruir otra realidad sobre mi realidad
y revisar tu plataforma de pesos muertos,
tus espacios inventados donde crece inmutable la hojarasca.

No me diseñes a tu medida
responde mis cuestionarios
en cada coordenada hallarás mi turgencia
y habrá terreno para la caxa propia:
un modelo de tumba



ESPECTRO / AL FINAL DEL A. I.

En algún lugar de la celosía gruñe un cerdo moribundo.
Los que están detrás de las paredes pintarrajeadas esconden la mano pecadora
cada ciclo tiene sus propios colores y sus propias alusiones.

Es común ver a través del éter toda la historia agotada.
Cómo se deshacen los años de la greda, la destrucción de la holoturia,
el derrumbe de un castillo de naipes, la inyección letal, la bala perdida, el shock.
Los comunes arabescos de una mosca verdosa en el ataúd del muerto.

Hay un origen en cada final,
las imprecaciones del hombre al dios,
de la salamandra al fuego.

Al final del arco iris un legado eterno aguarda ser descubierto.



ANTROPOFAGIA O LA CARNE OFRECIDA

Quien come carne humana sabe el sabor de lo oculto.
Es cuestión de costumbre, de no negarse al paladar absoluto.
Uno va sintiendo como que cada mordisco es una necesidad muy antigua,
un rito venido desde el hombre mismo;
algunos piensan que, por lo general, toda carne debe comerse cocida
pero con la carne humana pasa algo extraño que mientras más cruda
y sangrienta se presenta mejor uno se encuentra con uno mismo.
Así la carne (humana) de los padres, de los abuelos, de los bisabuelos, hijos,
nietos y bisnietos o simplemente amigos termina por dejarlo a uno
dentro de una verdad cada vez más lejana:
una verdad caníbal que empieza en la boca y termina en el estómago;
o en una bolsa plástica desde donde exhibimos nuestra nerviosa satisfacción
por estar aquí todavía intactos.


PD: en la foto figuran, este blogger, Rodolfo Ybarra, Augusto Rubio y Albert Huamán.

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