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miércoles, 12 de junio de 2013

5 POEMAS DEL POETA JAUJINO "ORLANDO ORDOÑEZ"




Jauja, aquella tierra que ha estado presente en la historia del Perú, desde tiempos de la conquista, también en la medicina, muchos viajaban hasta allá, a curarse el asma, y sobretodo ello, presente siempre en la Literatura peruana, gracias a los escritos de Edgardo Rivera, sin embargo él no es el único escritor conocido del lugar, tenemos otros más. Entre todos ellos está Orlando Ordoñez, poeta que incansablemente le habla a su tierra, a sus raíces, a su corazón de jaujino, pero también le habla al amor, a los sentimientos, a esa lucha incansable de no dejarse callar, porque su corazón es luchador. Ahora nos deja sus versos en este modesto blog, esperemos pues que su poesía llegue desde su tierra Jauja hasta los rincones menos pensados del ciber espacio. Disfrutemos entonces de sus textos.

MUQUIYAUYO

Fue ayer cuando dentro
el fragor de tus faenas comunales
pudieron encumbrarse junto
a la altura privilegiada donde
retumba el guapido labriego.

Tus fuerzas colectivas no reconocieron
descansos, menos preferencias o dádivas
bastó tu coraje maternal de la mujer muquiyauyina
para sembrar en las escarpadas laderas
de la indolencia: grandeza de ayllu fraternal.

Importa ahora desenterrar el canto
encendido y laborioso del puquial.
Estas son mis manos, no aguardan
pasiones algunas; continuar la brega
y frente a los obstáculos…¡Venceremos!

PIEDRAS DE AUSENCIA

Piedra preciosa eres
así te tengo incrustado
en el clavicordio melodioso
que enjuga con las notas
todo desconsuelo vagabundo.

Ágata arrancada
a la sinfonía pétrea
de los sueños, finura
en su silencio, igual
la felpa florecida.

Sin par engastado
de pedernales tu cuerpo
doblegando toda belleza
así como el acero paralizado
ante la arremetida del agua.

Rubí, esquirla, gajo
de extraño lucero,
resplandeciente, inmóvil
dentro la inmensidad
de los ojos del tiempo.

Carbón de piedra
emparentado a la diamantina,
exuberancia con su colorido
dentro de todo lo cavado
durante los años de ausencia.


VERDE TERRUÑO

Envuelto en banderas,
aún verdes las praderas
estarás siempre cantando,
combatiendo dentro las tormentas.

No existirá tregua alguna
ni descanso cuando
tras las plácidas lloviznas
anuncien siempre sosiegos.

Mientras desenfrenada la placidez
envuelve con calidez y mimos
a cada caminante que lleva
en sus atados, ternura de mundos.

Será día o noche
cuando soleadas las calles
se disfracen tumultuosas
sabiendo tu retorno de luna llena.

Otros tan lejanos, añorando
tal vez su decrépita distancia
podrán acabar brumoso y cano
porque duele tanto las ausencias.

Cansada la alborada
tratará de guardar entre sienes
que siempre será mejor el terruño
donde la luz primera se precipitó.

EL RODAR DE LA PIEDRA

No como cualquier día, hoy
a la orilla singular del vaivén
incesante de los años a insistente
aflicción devano adolorido las charcas
sorteadas en esta arisca ladera.

Con la candidez de piedra preciosa
mi madre espiga y granza luminosa
cuida mis pasos como el día aquel
cuando vencido por los maderos de la mesa
no pude alcanzar la bandeja de las hostias.

Ya arrancado el cerro verde olivo del terruño
la infinita pureza azul de su firmamento
aquella calle ancha fue burilando todo
abrupto o disparejo otero desde donde
la belleza se tornaría clorofila de existencia.

Y los arteros golpes de mudos carceleros
nunca tardaron en desatar su furia
ignoraban que la discriminación dialéctica
de todo cuanto existe había calado hasta el origen
y sustrato de negación infinita de la muerte y la vida.

Hoy, pese al maltrecho espigón y rada
donde recalaron todo desencanto, puedo
confesar que dentro  la banalidad e insignificancia
de una piedra tirada en el camino, hallé ternura
total y sabia, ajena al espanto de la indolencia.


NOCHE Y DÍA

Absurda mezcla de canto y lamento,
canto a tajo abierto de abandono,
lamento atardecido en plena altitud
ambos tenían dentro la ausente parodia
ocultar su verdadera voracidad suicida.

Convergencia crucial de desencanto
con asidua insistencia y porfía
derribando hasta la claridad del día
juntando las horas se van a meditar
la metáfora de la belleza esquiva.

Coalición de diastrofismo, aquella
dentro la esmeralda mirada de monarca
mientras bajo el desdén hipócrita
de los despojos, viva y agonizando todas
las reliquias empequeñecidas y baratas.

Dónde hallar el binomio de los ojos
o los pasos en coincidencia de obstáculos
del camino, por fin a fuerza mutua
puedan sentir el mismo aroma e intensidad
de todo cuanto pueda dar ambos seres.

Tú el día, yo la noche, he allí el axioma
nada más que veinticuatro horas navegando
dentro la luz y sombra, tú sin lástima
afilas el perfil de la luz para poder
acariciar a la noche cuando todos duermen.


Orlando Ordoñez Santos, es natural de La Florida-Muqui, Jauja, Junín, (Perú) ; Curso estúdios en la Gran Unidad Escolar San José (Jauja), San Ramón (Tarma) Universidad Nacional de Educació U.N.E. La Cantuta, donde se graduó de Profesor y autor de las siguientes plaquetas:Arte Poetica (Año XV Nro. 208)  Junco Heraldico (Año X Nro. 64)  Nauta de  Papel (Año VII Nro. 57)


2 comentarios:

FRANK dijo...

Desde el país de Jauja, muy buena pluma de mi paisano.

Anónimo dijo...

Siento que le falta limpiesa en las trovas,parece que tiene una mala definicion de la palabra poesia, Es de notar que nadie llegara a la talla del Maestro Manuel Scorza en donde sus versos son limpios y de caracter amatorio. Siento que le falta a ese señor para ser un poeta.