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domingo, 10 de noviembre de 2013

UN RACIMO DE POESÍA DEL AYACUCHANO "MELVIN JARA GÁLVEZ"




Hace algún tiempo atrás, empecé a mantener comunicación con un autor que vive en Pisco, pero que nació en Ayacucho, ha sido una gran amistad mediante medios cibernéticos, que me ha permitido atreverme a invitarle a Villa el Salvador, para uno de mis eventos literarios que se realizaran hace algunas semanas atrás. Sin dudarlo, accedió y se apareció recién llegado desde Pisco, en la estación Grau del Tren Eléctrico de Lima, entonces enrumbamos hasta mi distrito, se disfrutó de una gran noche literaria y de amistad. Entonces, esperamos quienes hemos oído su poesía romántica que nuevamente vuelva por estos lares, trayendo algo de las uvas que siembra y sobretodo que nos traiga un racimo de poesía suya.



ACOMODA EN MI ALMOHADA LAS NOCHES


Desnuda las noches,
envuélveme en caricias que me hagan delirar,
inserta tus labios en la fosa de mi boca.
Destruye los instantes grises que he ido formando
con plumas de cuervo
Despierta en mis sueños y duerme
en mi realidad cruda.
Vísteme de blanco y negro,
de colores fugaces y vivos.
Canta a los vientos la canción más roja
que pudimos haber escuchado en nuestro ciego mundo.
Yo convivo con las noches,
con las heladas jarras que bajan de la barra,
con peatones que huyen al verme andar,
con calles desiertas,
con recuerdos intactos,
viento que nace del frío
que se acomoda en mi almohada.


MIS PAREDES

Hay paredes desnudas con el  luto desgarrado,
Paredes que lloran la muerte 
de transeúntes que las han olvidado.
Hay sirenas en las calles,
a cada esquina suenan y revientan
los tímpanos de cada inocente.
Ellas no se mueven y esperan,
esperan con calma un amanecer distinto.
¡Ay! Paredes, pobre de ustedes
esperando por quien no los recuerda.
Su única cicatriz un grafiti en el pecho,
un cruce de besos,
en sus paredes frías


PRELUDIO PARA ANTES DE DORMIR

Para ir a dormir
apago las velitas del velador
y escribo mis últimas sonrisas
en hojas de vid esparcidas en viñedos,
las guardo en el baúl
al rincón de la habitación,
me recuesto sobre la falda
de una mujer que aún no conozco.
Y sin más la beso.
Antes de dormir.


LA TINTA, TU TINTA

¿Cuántos intentos salieron volando
por la ventana aspiradora?
Esas noches en mis paredes marcadas
en calendarios cadavéricos
que a diario pierden sus hojas,
como si en pleno abril otoño fuese.
Ese beso bañado en oxido
en tu cama yace
y desaparece lo que una noche nos unió.
El dulce aroma a vino se aneja,
inundando el ambiente y me ahogo.
Mientras un pelotón de papelitos
amotinados en la ventana,
montan guardia y te esperan,
aguardan tu cuerpo bañado de tinta
para que imprimas en ellos tus memorias,
tus sonrisas, tus caricias o algo tuyo.
Esperan bajo las lunas de catedrales,
en amaneceres profundamente oscuros
y durante días áridos, muriendo de sed.
Son varias noches que pude verlos esperar.
Yo solo río en silencio y repito
para mis adentros:
“la tinta de su cuerpo se ha esfumado,
ya no podrá mancharlos”
Volteo la mirada y vuelvo a reír.


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