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martes, 12 de mayo de 2009

DIEGO OTERO

Hace ya un año se realizó un homenaje al fallecido José Watanabe, La primera fecha prometía pues estaban unos poetas jóvenes e interesantes. Entre ellos Jerónimo Pimentel, José Carlos Yrigoyen, Ana María Falcony y Diego Otero, quien me sorprendió por su poesía y desde entonces estuve buscando algo que leer de él.

Una tarde mi familia y yo salimos a comer a una pollería en el distrito en el que vivo, Villa el Salvador. Mientras nos traían el helado, no pude evitar salir del local e ir a mirar en la tienda de libros de segunda mano y rarezas, que queda apenas a una cuadra del lugar donde estábamos comiendo. Ahí fue donde encontré este primer libro de Diego Otero (Lima, 1973) "Cinema Fulgor".

Aquí os dejo con estos poemas que en lo personal me gustaron mucho de este primer trabajo de Otero.






Retrato de un músico
Es un anciano
quien rasguña el violín
en algún lugar
de una ciudad
desdibujada
A su lado,
el perro sordo
de la lluvia
se lame las llagas
azules
y se duerme
A veces pasa un auto,
un pájaro vestido
de persona
Y sin embargo
el anciano
no se inmuta
Él toca para sí,
para una flor
de frío,
para que no se derrumben
los crepúsculos.
Purpurina
En tu casa
hay un reloj acuchillado
por los gatos,
una virgencita,
y una puerta
que da a un jardín en donde
el tiempo
es una noble manzana de ceniza.
Y como hoy no está mamá,
decides pintar tus labios
de algún color extraño--
amarillo de cadmio, por ejemplo,
o lila
sí, tal vez lila
--como una lágrima
perdida en el cinema--.
Pero la cosa
es jamás aprender
cómo amarrarse los zapatos
me dices despacito
y extraes tu pequeña canción de purpurina,
para cambiársela por algo
--cualquier cosa,
una luciérnaga--
a la primera chiquita que sonría
a pesar de este sol
colgado como un
pollo,
a pesar
del estúpido color
de las veredas.
Revólver
(Portrait of the artist as a young dog)
Agosto era un mes muy simple. Casi perfecto para
caminar por el medio de la pista
cuando cae la lluvia
metálica y violeta.
Agosto era el mes exacto
para podar la enorme luz
de los despojos,
o escupir a cualquiera que se acerque
con algo más
que los ojos vacíos
como un eclipse de cigarras.
Ahora todo parece tan distinto.
Brilla triste el hueco que ocupan las estrellas,
se descalza el invierno
y yo dibujo una ciudad
en donde flotan los mendigos
el sol
las bicicletas.
La nostalgia es una enfermedad que nos asfixia
porque somos peces
que olvidaron pronunciar olvido.
Y sin embargo aquí, bajo este torpe corazón
de vidrio
oculto un revólver verdadero.
Y a veces pienso liquidar la niebla,
los tambores,
las manzanas que caen de mis ojos.
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