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lunes, 12 de octubre de 2009

GRUPO LITERARIO SIGNOS

Hace unas semanas atrás estuve por Chiclayo, ahí pasé un par de días geniales, lejos de nuestra caótica Lima. Entre los poetas que conocí y estuvieron aquel día. César Boyd integrante del grupo literario signos pasó un buen tiempo con nosotros no se que habrá sido del resto de integrantes del grupo.

Pero puedo disfrutar un poco de su poesía a través de este poemario del colectivo. Del cual os ofrezco estos versos.


José Abad Ascurra


FIESTA


a Cesarina Vásquez Torres


Tiene razón la estatua
para seguir durmiendo.
El mundo cansa
y duele entre los ojos
la certeza.
Que viva el sueño y la nocturna
caricia de la luna,
que pone en nuestro párpados
polvo y olvido.


Cromwell Castillo Cabrejos


AGUA


10


Quizá
haya más certeza en su interior
que en mis palabras
(la hay en lo transcurrido).
Con ellas
me incomunico en ellas
y mi única perspectiva
es la dispersión a la altura
que es incierta.
Pero el Agua
habita hasta lo que no conozco
y yo, sospecha constante,
soy lo impreciso en toda emisión.
Me contiene sólo
cuando escondo intenciones
que nacen a partir de mi descenso.
El descenso se transfiere.
Su generalidad sujeta.
Aquí
no es el Agua una cuestión semántica.


Ronald Calle Córdova


NO PREGUNTES


No preguntes por el vino
y su copa,
apenas siento la caída de mi cuerpo
hacia un vacío sin edad, sin nombre.
No preguntes por la hora,
igual es tarde o temprano
cuando los caminos esconden tus palabras.
No.
Quizá soporte menos si digo nada,
aun así, el vino
miente a mi boca y te multiplica
como el milagro de los panes.


César Boyd Brenis


OTRA VERSIÓN


Hacia Orión partió a medianoche
por los recodos del arroyo.
Caía la fe de una estrella en su cabeza.
Partió sospechando del canto de los búhos:
El sonido del peligro como predican los ancianos.
Apostó por atajos de los naufragos corrientes
entre hojarasca grismente enmarcada.
Se llenó los bolsillos de mendrugos y decía:
¡Hambre de vencedores en cadena!
Huyó de los lobos entre la greda
y pasó de forastero entre la bruma.
Por el sendero hacia Orión le lastimaron las espinas,
que cedían su espacio, su profundidad,
y entre tanto aguijón husmeaba los caminos mas cortos:
Beatriz podría por fin amarlo.


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