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domingo, 15 de agosto de 2010

JUAN CARLOS GUERRERO


Iniciando Agosto, fui invitado por el buen amigo John Martínez a leer en el Bar Zela, pues él está a cargo de organizar las lecturas de poesía. Aquella noche llegué casi cuando todo había acabado, por suerte mía aunque fui el último en llegar, había alguien más que también leería conmigo y que estaba a la espera de hacerlo. Juan Carlos Guerrero, esperaba en las escaleras, por donde yo hacía mi tardío ingreso. Fuimos presentados como un bonus track, aquella noche. Y cada cual leyó dos poemas, el primer poema que os dejo a lectura, fue el segundo leído por Guerrero, el que más me gustó, y el cual espero os guste.



Para poetas aburridos de ser poetas

La poesía corta caminos
Incendia cenizas
Retrasa relojes
Escribe sobre los ombligos.

La poesía:
Muerde
Escarba
Bosteza.

La poesía es un perro vagabundo
Un mal hado
Una broma infinita.

Es un halcón que vuela bajito
Un artista chiflado
Una prostituta sin clientes
Un conejo escondido dentro de un sombrero
Un reverendo idiota.

La poesía nunca puede ser:

Un alma sin alma
Palabras rebuscadas
Una enciclopedia aburrida
Recortes de periódicos
Reciclaje para la vanguardia
Tampoco Salón para Eruditos.

Tiene que ser una actitud
Contra los días arrasados,
Sal y pimienta para esto que llamamos vida.


Si te preguntan por un gato

Mis amigos, los que vagabundeaban por la plaza, te habían hablado de mí: “el tipo tiene diálogos frecuentes con los genios, sólo cena con Bukowski y con alguno que otro gato del mismo pelaje, estamos orgullosos de él, qué opinas de eso, tener un tipo así entre nosotros.”

Tú ni te inmutabas, masticabas tu chicle y retorcías la mirada, te dormías en tus cejas, tu mente se iba a pasear por las calles vecinas, tu cuerpo no, estaba allí como una estaca, eludiendo preguntas sobre un mugroso intelectual, que para ti, sólo se comparaba con los tacones de tus zapatos.

Las noches siempre eran así, y yo durmiendo en tus pechos pequeñitos, ignoraba todo.

Por esos días estaba leyendo a James Joyce (me mareaba en el Ulises). Y, una que otra vez releía a Bukowski y a García Lorca: para olvidarme que te tenía que coger.

Me gastaba la vida friendo pescados para el desayuno.

No sé porqué me obsesioné tanto contigo. Cuando abría la ventana de mi casa, un soplo de mar me llegaba, y yo a veces lo confundía con tu perfume, así de burro estaba.




La arrogancia de los espacios inútiles

Eres tú acaso la angustia de los años bisiestos
O la llama verde
De mis devaneos desparramados.

Saludo en latín a la tribuna urbana
Saludo y pienso en tu nombre
Que se escribe en prosa
Y con copas de vino tinto.

La verdad es que tu nombre
Alienta a las murallas sacrificadas
Por el reloj del Universo
Alienta a los árboles arcaicos
Que se mecen por debajo del satélite chamuscado
De tristezas que penetran por sus poros.

Pero sobre todo lo que digo de ti
Eres la arrogancia de los espacios inútiles
La apatía de la flor trasnochada
La balada nostálgica de los días pragmáticos.

El canto triste de las sirenas
En las noches donde las aldeas
Navegan hacia la Prehistoria.


Todo esto es mi país

Mi país es increíble: tiene dibujada la esperanza de las lombrices incautas en su rostro.

Es la melodía de los reos ausentes.

El drama de la tortuga despeinada en los museos nebulosos.

Es la sombra del gigante perezoso.

La tristeza de los pelícanos enredados con sus patas sonrosadas.

Mi país es una orilla mojada por labios femeninos.

La vanidad tonta de las tarántulas de los edificios en ruinas.

La angustia de los perros traicionados por sus bichos subversivos.

Es la canción de los fantasmas familiares que nos miran detrás de las sombras.

El bolsillo roto de los divertidos gansos con gafas.

Mi país es el desprecio de los párpados a los ojos viciosos de imágenes pornográficas.

El hambre de las personas de precaria economía.

El lago en donde se sumerge el destino incierto de las lechuzas.

Es el reflejo inservible de una naranja pavorosa.

Una olla hirviendo de promiscuas intenciones.

Mi país es el pecado de sus habitantes.

La prisa de los troncos paralíticos que huyeron de éste círculo en llamas.

Es noches de discotecas que se mueven como lámparas en las cuevas inseguras y sensuales.

Mi país es la emoción del inocente. La tortura del desdichado. La miel de los corruptos. El acordeón del poderoso.

Es la leyenda que crece en los pueblitos agazapados bajo los cerros.

Es la sartén en donde se cuecen todos los males.

La ceguera de los revolucionarios de una región desparramada por insectos multicolores.

Es la danza del avestruz tartamuda que contempla la vida con su saxo afónico.

El mensaje noble de las grullas borrachas con vino barato.

Mi país es el llanto de una madre al saber que sus hijos se marchan hacia un futuro sin sospechas.

Es la comodidad de un sillón blando y terso.

La felicidad de las flores en primavera bulliciosa.

Es la fragancia de las horas en donde los huertos se alumbran con ciruelas y manzanas tridimensionales.

Es la lluvia que cae de las cucharas de acero.

Es tu pecho en donde redoblo mis fuerzas.

Es un manantial sereno y diáfano.

Es la voz por donde se escapó la tertulia de los cocodrilos insatisfechos que viven en los pantanos quemados por el fuego de un Dios corrupto, siniestro y obsceno.

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