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jueves, 29 de abril de 2010

WILLY GÓMEZ MIGLIARO


He tenido el gusto d ecompartir mesa de elctura con Willy el año pasado en los recitales que se dieron en San Luis por invitación de Leoncio Luque. Ahora el poeta Willy Gómez quien hace unas semanas atrás acabada de sacar a la luz su más reciente producción literaria "Moridor", nos envia unos textos que son aun inéditos, pertenecientes a otro libro de nombre "Ensayos", para deleite de nuestros lectores. Espero que os guste.




los campos hádicos de Raymundo Nóvak

cuán insano es el error sobre el matadero de
La breve eternidad de Raymundo Nóvak (Hipocampo editores, 2005)
obra de un Nereo sin bondad que se precipita órfico
casi encendido en sus palabras

veamos

el lenguaje es un maquillaje corrido en la superficie del poema
y al alcance de un concepto, el símbolo abstrae
el cínico amor de las esperanzas

la voz aparece como una cortina de sol en otra dimensión de leyes
mucha más moderna para la construcción
entonces
una sucesión de los rasgos más definidos que vuelven a ser las palabras,
crea el montaje

a simple vista la obra de doble impacto y claridad,

pero un rapto de imágenes es atribuido a los deseos de un inocente
en su clásico movimiento giratorio del mundo

esa es, creo, la hilaridad metafísica que acompaña a Raymundo Nóvak,
un sujeto poético resistiendo la muerte como un Lázaro

la escritura, es pues, la sombra
o el coraje de unos cuantos hombres huecos

R..N se precipita para desconocerse en sus propios sentidos

Luís Fernando Chueca definió esa agonía superpuesta
(en mi opinión cierta)
desde las negaciones de otro espacio:
Un hombre, vestido con la fuerza y la potencia de su "canto hermético",
recorre un mundo lleno de roturas -roturas es, precisamente,
el título una de las secciones- y signos perdidos, e intenta ver,
describir y entonar el canto que pueda ser
una suerte de testimonio y revelación.
Para terminar
La eternidad de Raymundo Nóvak solo puede ser breve,
como sostiene el título: apenas un relámpago que en un instante
ilumina la ruta y la voz. Apenas un fugaz torrente de imágenes
que, sin embargo, queda inscrito definitivamente en la memoria
y cambia, sin dudarlo, la mirada.

W.G. Migliaro a subrayado:
“Un espacio aleatorio es La breve eternidad de Raymundo Nóvak”

y ahora entiendo

quizás la voz poética cierra un conjunto de habitaciones
con demasiadas historias
y queda solo el canto de un país con tantos muertos
anteponiendo el nombre

se escribe un renacimiento, decía Angilioni, pero en este libro,
nuestros cuerpos siguen rotos

aunque una crecida de árboles o una población de signos
significa mejor cuando Ljudevir Hlavnikov,
el genio muchacho de 19 años
escribió a razón de su soledad e incomprensión:
La breve eternidad de Raymundo Nóvak es
la ruta de un tiempo al revés que traza la historia de un hombre…

lúcidamente L.H. nos muestra
la negación de todos los nombres posibles en la obra,
y, claro, siente que desde una lectura de las predicciones,
se afirma su terreno de crítica, y compone, en un mito

las indecisiones destructivas de Raymundo Nóvak

ya en su primera lectura, Rodolfo Hinostroza había advertido
un matadero,
siempre me habló de un verdugo moderno nada lejano a su fundación
sin embargo
yo sigo pensando en un Nereo sin bondad
encendido
en otra oscura composición


trans-posiciones & poéticas

la asunción de la nueva vida devora cada línea interpuesta
para el trabajo en serigrafía
a partir de algunos recortes de periódicos
y de las manifestaciones populares
que tenía raíces en el arte europeo de las décadas del 20 y el 30

pero en el Perú el arte pictórico fue otro,
el desafío de las abstracciones bien localizadas en los cincuenta
ocupa el espacio desde las visiones de la violencia en los ochenta,
quiero decir, también la mancha popular significó
con sus deformaciones religiosas otro conflicto
las iconografías relevantes de nuestras creencias
se des-figuraron en un contexto político venido desde la república
solo el desborde popular de Matos
garantizó una epopeya de grandes cambios
aunque después una escritura de grandes cementerios
convirtieron el producto, que seducía con desperdicios,
en desiertos de inundación o mercadeo
y que poco a poco se adentró a formar parte del llenado
& del adorno obsesivo

Willy Gómez Migliaro (Lima, 1968). Es autor de los libros de poesía Etérea (2002), Nada como los campos (2003), La breve eternidad de Raymundo Nóvak (2005), Moridor (2010); compilador del libro OPEMPE, relatos orales asháninka y nomatsiguenga (2009). En la actualidad se desempeña como profesor de literatura y es consultor en educación.
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