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miércoles, 10 de junio de 2009

DIMAS ARRIETA


Buscando en librerías, alguna novedad encontré este libro de un conocido Dimas Arrieta (Piura, 1964). Nunca he tenido la oportunidad de oírlo en algún recital, pero disfruto de la lectura de su libro: "Orientación de las Señales", editado a inicios de los noventa.


Aquí os dejo con dos poemas del poeta piurano Arrieta, disfruten la lectura.



IX ALABANZA


Para Rosana Garrués


El viento que nos clava el miedo en la piel,

retrocede para avanzar con mágicos alborotos,

felizmente hemos acampado muy concientes.


Mis ojos no cesan de mirar interminables constelaciones,

quizá si afino bien el oído escucharé:

los pasos y los gritos de antiguos guerreros

que después de evitar el holocausto llegaban

con mucha reverencia a dar las gracias

por rechazar que la sangre se derrame entre hermanos.


La arbitrariedad fue esa delicadeza en los tratos,

(ante sumisos creyentes ganancias intermediarios),

pero la razón no está sola cuando se tiene en cuenta

que en los tiempos idos un rey blanco pidió la rendición;

y se escucharon nuestras voces en todo el universo:

¡venganza Oh padre sol...dioses de las Huaringas...!


Con toda la fuerza del alma se fritó tres veces,

luego del cielo descendió una flecha hacia el pueblo

y un voraz incendio puso fin a las ambiciones.


Por es aquí tenemos el cerro colorado,

en cuyas entrañas se quedaron para siempre encantados

y los intrusos se convirtieron en piedras invisibles

que en las noches aparecen con ares fosforescentes.


Sintiéndome arrastrado por la corriente de la inquietud,

sobrevuelan los pájaros haciéndome transitar

para que el frío no interceda en estos fieles encuentros.



III


Ahora sé que todo movimiento se puede controlar,

para esto hay que saber manejar nuestros impulsos,

serenos como los grandes ceibos

que esperan morir de pie;

y miren el soberbio lujo de los pájaros

cargarse en sus ramas sabiendo que la brisa los esparce.


Privilegio -también de las aves el volar-

vernos que al caminar sudamos serpenteando los caminos,

siguiendo las señales tatuadas en las piedras;

y ahora si que me agito porque no puedo desistir

ver la luz en estas zonas de variados paraísos.


Aires giratorios que nos dicen bienvenidos,

cielo hundido en las aguas, espejos para limpiarnos

el rostro y la conciencia,

-antes que desmayen los deseos-

olvidándonos de todo porque aquí sí hay humanidad.


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